Amsterdam (1632-1661)

Baruch Spinoza nace el 24 de noviembre de 1632 en el barrio judío de Ámsterdam, Vlooienburg, en el boulevard Houtgratch. Su familia estaba dedicada al comercio de especias, frutas y otras mercancías, actividad en la cual les iba razonablemente bien, como lo expresa el hecho de que Micael figuró al menos durante siete años como Parnasim del Ma´amad, el consejo de autoridades civiles de la comunidad judía. Es sabido que la pertenencia a este cuerpo colegiado, de siete integrantes, requería contar con una cierta posición económica o social, lo que descarta ciertas interpretaciones biográficas, como la de Lucas, que plantean una estrechez económica de su familia (Lucas, 1680).


De acuerdo a los estándares tradicionales de la comunidad Judía, Spinoza comienza sus primeros estudios a los siete años, en 1639, en la escuela de la congregación Talmud Tora, que había sido creada pocos años antes a partir de la fusión de las dos congregaciones históricas previas, Beth Jacob y Neve Shalom. La enseñanza se realiza en idioma español, que es la lengua asociada a la alta cultura judía sefardí en ese momento. En casa de Baruch, no obstante, el idioma cotidiano era el portugués, el cual también era utilizado en el mundo de los negocios (Nadler, 1999). A lo largo de los cuatro primeros grados de la enseñanza elemental los alumnos se concentraban principalmente en el aprendizaje de la Tora, o Ley del pueblo judío, cuyo equivalente cristiano corresponde al Pentateuco o cinco primeros libros de la Biblia. A partir del quinto año comenzaba la formación rabínica con el estudio del Talmud, recopilación de las discusiones rabínicas sobre las leyes, tradiciones y costumbres judías.

Spinoza no continúa en los grados superiores ya que en 1649, a la edad de 17 años, abandona la educación formal debido al fallecimiento de su hermano Isaac, para ayudar a su padre en el negocio familiar, junto a su hermano menor Gabriel. Spinoza inicia entonces la que será una etapa de unos cinco años como empresario (Van Bunge, 2011). Esto no impidió que Spinoza dejara de lado sus intereses educativos ya que con toda seguridad participa de la Yeshiva Keter Torah, dirigida en esa época por el destacado rabino Saúl Leví Morteira. Las Yeshivot eran instituciones educativas mantenidas por la comunidad, y en particular apoyadas por mercaderes adinerados, para que aquellos varones adultos que no seguirían la tradición rabínica pudieran continuar sus estudios y formación talmúdica. 



Saúl Leví Morteira junto a Menasseh Ben Israel eran los principales rabinos de la comunidad judía amstelodana, probablemente dos de los mayores intelectuales y dirigentes religiosos judíos de la época, los que mantuvieron una constante pugna frente a su comunidad la cual tuvo que ser contenida externamente inclusive por autoridades judías Venecianas. Morteira, nacido en Venecia, era de origen Askenazi, pueblo judío asentado en la Europa Central u Oriental, de condición social mayoritariamente humilde y profundamente ortodoxos. Los Askenazi migrarán hacia Amsterdam principalmente desde Polonia, a partir de inicios del siglo XVII. Menasseh Ben Israel, nacido en Madeiras, Portugal era, al contrario, de origen Sefardí, judíos originarios de la Península Ibérica que poseían una mayor cultura occidental y una sólida y solvente posición comercial y financiera, lo que le permitió a Ben Israel desarrollar durante su vida una extensa red de amistades pertenecientes al mundo cristiano (Roth, 1945).

Aun cuando en diversas interpretaciones se les asigna un rol de formadores directos de Spinoza, no existe evidencia documentada sobre su relación con el filósofo, sin embargo existen buenas razones para especular sobre su cercanía con el filósofo. En el caso de Levi Morteira se conocen las estrechas relaciones comerciales que tenía con su abuelo y, asimismo, se sabe que ambos coinciden en el periodo en el cual Spinoza estudia en la Keter Tora, por lo que es probable una relación docente en esta etapa (Nadler, 1999). En cuanto a Ben Israel, existen sólidas evidencias de amistades comunes, sobre todo en el periodo en el cual Spinoza frecuentará al grupo de cuáqueros de Amsterdam. Ben Israel cultivó relaciones con importantes personajes de dicho grupo de cristianos, en particular con el milenarista Peter Serrarius, amigo entre otras personalidades de Henry Oldenburg, secretario de la Royal Society, con quién Spinoza tendrá un largo intercambio epistolar desde 1661 en adelante (Roth, 1945).

En torno de los años 1654 o 1655, es decir con posterioridad a la muerte de su padre (aun cuando pude haber sido un poco antes), y motivado por aprender latín, Spinoza participa en una de sus  experiencias clave para el desarrollo de su pensamiento futuro, al ingresar a la escuela de latín de Franciscus Van Den Enden, ex jesuita, tutor de muchos hijos de la clase alta de Amsterdam y de pensamiento político radical (Van Bunge, 2011). La importancia de Van de Enden en el pensamiento de Spinoza, que ha sido revalorizada por Wim Klever (2014), radica que en que sostenía varias ideas avanzadas o progresistas para su época, tales como la promoción de la democracia, la crítica a la esclavitud y el apoyo a la tolerancia religiosa, que pueden haber influenciado al joven Baruch (Van den Enden, 2014). De hecho, pueden encontrarse diversos pasajes de su Tratado Teológico Político donde se percibe su influencia.



Van den Enden propugnó ideas profundamente igualitarias para su época en diversos ámbitos, entre ellos en la educación y en las relaciones entre hombres y mujeres, y su radicalidad se expresará en un involucramiento político explícito que finalmente lo conducirá a morir ahorcado en Paris en 1674 luego de descubrirse su participación en un complot en contra de Luis XIV, el Rey sol, en ese momento uno de los monarcas más poderosos de Europa.

Con seguridad, Spinoza conocerá y estudiará en profundidad en casa de Van den Enden Spinoza la literatura griega, romana, renacentista y humanista, estudiando entre otros a Hobbes, Bacon, Maquiavelo, Grotius, Bruno, y, sobre todo, a Descartes.

El segundo círculo social de Spinoza fuera de la comunidad sefardí fue el de los denominados colegiantes, grupos de cristianos liberales que se reunían para reflexionar y educarse mutuamente sobre las escrituras desde una perspectiva igualitaria y tolerante. Entre los colegiantes se contaban grupos tales como los anabaptistas, los menonitas, los socinianios y los cuáqueros, e incluso algunas personas que se declaraban libre pensadores, como es el caso de Van den Enden quién también frecuentaba a estos grupos. En ellos Spinoza encontró y cultivó algunas de sus amistades más estrechas, mayoritariamente menonitas, que lo acompañarán el resto de su vida, tales como los comerciantes Jarig Jellez, Peter Balling y Simon Joosten de Vries y el editor de libros radicales Jan Rieuwerstz (Van Bunge, 2012; Meinsma, 1983).

Otra figura de gran relevancia en esta etapa formativa fue el médico y libre pensador español Juan de Prado, quién llega a Amsterdam en 1655 donde se integra también a la Yeshiva Keter Tora, donde conocerá a Spinoza. Ambos comparten tertulias nocturnas en casa del noble Canario Joseph Guerra, las que también eran frecuentadas por el médico Miguel Reynoso y un comerciante de tabaco de apellido Pacheco. Este grupo comparte ideas bastante heterodoxas en materia religiosa, como lo denuncian en 1659 Tomás Solano y Robles y Miguel Pérez de Maltranilla frente a la Inquisición en España (Albiac, 2013). Las opiniones y conductas de Prado, abiertamente irónicas respecto de la religión, fueron seguramente motivo de gran molestia para las autoridades religiosas y civiles de la comunidad, como lo ejemplifica la referencia del poeta Miguel (alias David Levi) de Barrios quién alude metafóricamente a las especulaciones teológicas de Spinoza y Juan de Prado (Albiac, 2013):

“La Corona de la Ley desde el año de su feliz fundación nunca ha dexado de arder en la carca Académica, con las doctrinales hojas que escribió el Sapientisimo Saul Levi Morterira, entregando su intelecto al dictamen de la Sabiduría, y su pluma a la mano de las Especulaciones, contra el Atheismo, defensa de la religión. Espinos, son los que en Prados de impiedad, desean luzir con el fuego que los consume y llama es el zelo de Morteiraque arde en la carca de la Religión por no apagarse”

El contexto filosófico, político y religioso de la época fue profundamente remecido por una de las mayores revoluciones intelectuales de la historia del pensamiento humano. La nueva propuesta cartesiana de interpretación de hombre y el mundo. Entre 1629 y  1649 René Descartes residió en los Países Bajos, en ese momento un oasis de libertad intelectual en el contexto europeo. Es precisamente aquí, y particularmente en Leiden, donde el filósofo escribe y publica en 1937 su obra magna Discourse de la Methode. Pour bien conduite la raison y chercher la verite dans les sciences. Plus la Dioptrique, les meteores et la geometrie, que marcará un hito del pensamiento humano y provocará los más enconados enfrentamientos teológicos, filosóficos, científicos  y políticos. El cartesianismo será uno de los trasfondos intelectuales más relevantes de Spinoza y su círculo cercano de amigos colegiantes.

De esta forma, llegamos al día 26 de julio de 1656, en el cual, sin que existan hasta la fecha antecedentes muy específicos sobre sus causas ya que hasta ese momento Spinoza aún no había escrito nada, se dicta por parte de la comunidad judía de Ámsterdam, el castigo máximo contra el filósofo, el Cherem o Herem, el decreto de expulsión de la Sinagoga y la comunidad:

Los señores del Ma’amad ponen a (Vosas Mercedes) en su conocimiento que desde hace mucho tenían noticia de las equivocadas opiniones y errónea conducta de Baruch de Spinoza y por diversos medios y advertencias han tratado de apartarlo del mal camino. Como no obtuvieran ningún resultado y como, por el contrario, las horribles herejías que practicaba y enseñaba, lo mismo que su inaudita conducta fueran en aumento, resolvieron de acuerdo con el rabino, en presencia de testigos fehacientes y del nombrado Spinoza, que éste fuera excomulgado y expulsado del pueblo de Israel, según el siguiente decreto de excomunión: Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta Santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones, con la excomunión con que Josué excomulgó a Jericó, con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos y con todas las execraciones escritas en la Ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley. El Señor borrará su nombre bajo los cielos y lo expulsará de todas las tribus de Israel abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo escritas en el Libro de la Ley. Pero vosotros, que sois fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz. Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascripto por él."



El decreto constituye el castigo más severo dentro de las gradaciones del Cherem judío. Se denomina Schamatta y tiene su base bíblica principalmente en Deuteronomio e implica prohibir cualquier contacto con la persona que lo recibe, inclusive a su familia, por lo que supone una exclusión total de la comunidad judía de Ámsterdam (Mechoulan, 2013; Yovel, 1977).

Según los biógrafos más reputados, Spinoza no se encontraba presente en la Sinagoga al momento de la lectura del decreto de expulsión, tal vez recordando el suceso de Uriel da Costa. De acuerdo a Pierre Bayle - quién se basa en uno de los primeros biógrafos del filósofo, Lucas – Spinoza redacta una apología de su salida de la cual lamentablemente no existe ningún antecedente, no obstante, se presume que parte de ella sería utilizada por Spinoza en la redacción de una de sus obras mayores, el Tratado Teológico Político (Bayle, 2010).

En cuanto a los contenidos específicos que pueden haber estado a la base del Cherem sobre Spinoza, existen referencias históricas que apuntan a un conjunto común de ideas que proponen una reinterpretación y crítica de tres pilares de la religión judía, pero en realidad extrapolables a cualquier religión monoteísta. El origen de la Ley Divina, expresadas en los libros sagrados; La noción de la inmortalidad del alma; y, sobre todo, el concepto de Dios.

El núcleo del pensamiento de Spinoza, que irá desarrollando a lo largo de su vida, puede sintetizarse en los siguientes puntos:
- La ley divina, la Biblia, es humana, es decir fue escrita por personas y sólo contiene preceptos éticos y morales sobre cómo debe comportarse el ser humano.
- El alma acaba con la muerte. No existe inmortalidad del alma.
- Dios es inmanente e igual a la Naturaleza (Deus sive natura, Dios o Naturaleza), es manifestación inmanente (y no trascendente) de todas las cosas.
- Este Dios obra por su propia naturaleza. Está determinado a obrar y no opera con fines. No dicta recompensas ni castigos. Los milagros no existen.
- El uso correcto de la razón y un comportamiento piadoso y caritativo bastan para vivir una buena vida.

La expulsión de Spinoza marcará una nueva etapa en su vida, encontrándose de ahora en adelante libre ya de toda restricción intelectual y filosófica.

El periodo inmediatamente posterior al Cherem, y anterior a su partida a Rijnsburg, es considerado por algunos autores como el “periodo obscuro” en la biografía de Spinoza ya que es poco lo que se conoce de esta etapa de la vida del filósofo (Nadler, 1999). Dentro de los aspectos poco claros está el de su residencia, aun cuando la más probable es que se haya trasladado a vivir a casa de Van den Enden. Un detalle muy significativo de su nueva etapa es que luego de la expulsión Spinoza comienza a utilizar el nombre latino de Benedictus, en vez del hebreo Baruch, lo que da cuenta de un alejamiento simbólico importante de su comunidad. Su nuevo nombre puede haber sido de utilidad para facilitar su nueva vida en torno de grupos cristianos menonitas, luteranos y cuáqueros, así como para su participación en los cursos de la Universidad de Leiden, donde se dificultaba el ingreso de judíos.

La Universidad de Leiden, cercana a Rijnsburg, era el centro del pensamiento cartesiano holandés ya que en ella se encontraban los principales profesores transmisores del pensamiento de Descartes. En Leiden Spinoza desarrollará, o profundizará, otra vertiente de sus amistades, con mayor cercanía al mundo de la política y al libre pensamiento, entre ellos al político radical holandés Adriaan Koerbagh, quien asiste a la Universidad de Leiden entre los años 1656 y 1661 donde estudia medicina, y a Lodewijk Meyer, principal responsable de impulsar la divulgación de la obra de Spinoza y redactor de sus prefacios, quien se inscribe en Leiden en 1658 primero en filosofía y luego en medicina.

En este periodo, y probablemente antes del Cherem, comienzan las primeras reflexiones y redacción de su obra, las que tienen una primera expresión en el Tratado de la Reforma del Entendimiento, verdadero manifiesto personal sobre sus propósitos filosóficos y su método, el cual no fue publicado en vida sino que aparece en su Obra Póstuma.